¿Por qué emprendemos?

Hay muchos tipos de emprendedores y muchas historias detrás de las empresas a las que dieron vida. Las motivaciones de cada fundador pueden ser muy diferentes de un caso a otro, sin embargo este tema siempre ha sido de mucho interés para quienes forman parte del ecosistema y los científicos sociales.

¿Por qué emprender?

La respuesta más sencilla es por una cuestión de ambición. El dinero que se puede ganar como dueño de una empresa propia es mucho mayor que el que se puede conseguir como profesional. No siempre, pero en la gran mayoría de los casos.

Por una cuestión de realización personal. Porque cuando no se encuentra el trabajo ideal, lo que se quiere hacer en la vida para ser feliz, no queda otra que crear ese trabajo. Aún así hay gente que logra conseguir ese trabajo ideal dentro de las empresas de otros.

Aquí podemos agregar cuestiones tales como ideales y la necesidad de escapar a las rutinas de la oficina impuestas por otros. No es raro que los fundadores ofrezcan condiciones de trabajo y espacios innovadores.

También tenemos la idea de que el emprendedor es alguien que ha tenido una revelación y ha descubierto una necesidad, una nueva manera de ofrecer un servicio o una técnica innovadora para fabricar un producto. Todo esto es posible, pero a veces se le da demasiada importancia.

Emprendedores que no pueden ser empleados

Muchos emprendedores también lo son porque no funcionan bien como empleados. Esto puede ocurrir de dos maneras.

Una de ellas, porque no soportan las formalidades y la cultura corporativa. O tal vez no son muy buenos recibiendo órdenes y ajustándose a esas normas de convivencia que implica el trabajo en una organización. 

Otra de ellas resulta aún más interesante es la frustración de sentir que tienen una habilidad que es desaprovechada. 

Un estudio de 2015 apunta en esta dirección.

Allí se afirma que cuando la habilidad de una persona supera la capacidad de comunicar esa capacidad las posibilidades de que esa persona se transforme en un emprendedor son altas. 

Ego y personas subestimadas

Esta premisa de la diferencia entre la habilidad y la capacidad para comunicar esta habilidad puede servir para explicar muchas situaciones del mundo emprendedor.

¿Por qué hay tantos inmigrantes emprendedores? Porque conseguir un trabajo bien remunerado es más difícil para este sector. La mano de obra calificada que no es tomada se ve obligada a actuar por su propia cuenta.

¿Por qué hay tantas historias de emprendedores que dejaron los estudios? Primero porque nadie presta atención a las personas que dejan los estudios y tienen que conformarse con trabajos mediocres. Pero la persona que tiene talento y decide abandonar la educación clásica a menudo se educa por cuenta propia. Ser un autodidacta implica un gran nivel de iniciativa, lo cual es extremadamente compatible con ser un emprendedor.

El conocimiento adquirido sin un diploma como respaldo a menudo es subestimado. Y una vez más nos encontramos con personas obligadas a emprender.

¿Por qué a menudo los emprendedores tienen grandes egos? Porque como hemos señalado no se trata del talento en sí, sino de la percepción de que se tiene más talento del que el que los empleadores pueden percibir. Las personas con grandes egos tienden a sentir que no se los valora lo suficiente. 

Quizás tengan un compañero de trabajo más talentoso que ellos. Y ese empleado puede sentirse conforme y ascender poco a poco hasta lo más alto de la compañía. Ese es un camino que ellos no pueden soportar.

Combinación de factores

Si leemos con cuidado algunos de los puntos que hemos señalado está claro que no son mutuamente excluyentes. 

Una persona con un gran ego puede encontrar muy difícil encajar en las rutinas y el trabajo en equipo de las oficinas. Un inmigrante puede encontrarse en un país cuyo idioma apenas domina, en el que una parte de su educación parece no tener valor.

Y todas estas personas pueden haber tenido un momento de iluminación y haber dejado todo por ese ideal. O quizás las echaron del trabajo o la empresa quebró.

Obviamente, el acceso al capital sigue siendo un factor. Muchos emprendimientos exigen una inversión inicial importante. No todos los oficinistas fracasados pueden fundar la siguiente gran empresa. 

El cuento de la Cenicienta

A todos nos gustan los cuentos trágicos en los que el héroe no es tenido en cuenta, vive una vida discreta y un incidente lo hunde en la desesperación. El héroe logra reponerse y alcanza la gloria. La idea de que del fracaso pueda nacer el éxito nos agrada. 

También nos caen bien los inconformistas, los que proponen cosas nuevas y cuestionan lo establecido. 

Es bueno saber que existe cierta lógica en las historias de los emprendedores como héroes. Pero también podríamos pensar que existe un lado negativo. Podríamos concentrarnos en todo el talento que se haya cómodo detrás de un escritorio en un puesto corporativo y que podría dar más, mucho más si fuera obligado a ello.

O bien podemos concluir que la principal característica de un emprendedor es su ambición, cierta insatisfacción, o mejor dicho, una autoestima fuera de lugar.

Emprendedores y Salud Mental

Emprender no es fácil. El entusiasmo por conseguir algo nuevo, diferente y propio es un gran impulso moral, pero el emprendedor muchas veces deja atrás una situación de seguridad económica y equilibrio emocional. En su lugar obtiene deudas, incertidumbre y la necesidad de sacar adelante un proyecto en un tiempo reducido.

El estrés puede no manifestarse en el día a día, pero se acumula. 

Por supuesto que ciertos sacrificios son inevitables, pero debe haber un límite, porque sacrificar la salud física y mental puede servir de poco y solo contribuir al problema.

Presión y temor al fracaso

El tiempo es algo curioso. Porque si consideramos la necesidad de conseguir un primer cliente de peso o alcanzar estar break even en unos 6 u 8 meses es muy poco. Pero si lo pensamos en términos de la presión que se debe soportar durante ese periodo son demasiado.

Pero es raro que encontremos emprendedores hablando de las dificultades causadas por el estrés. Nadie quiere hablar demasiado de dificultades y temores cuando el objetivo es proyectar una imagen de éxito. De éxito y fuerza. De un emprendedor se espera que tenga tanto el talento como el carácter. Nada de debilidades humanas.

Emprender es una actividad que en la gran mayoría de los casos termina en fracaso, pero que al mismo tiempo solo admite el éxito porque se ha puesto mucho en juego. Solo los emprendedores más experimentados y con varios éxitos en su historial se animan a hablar de sus proyectos fallidos. Lo hacen señalando precisamente esto, que el fracaso es algo normal en una actividad tan riesgosa.

Solo en los últimos años el tema del fracaso y la salud mental ha comenzado a ser algo más común en las conversaciones.

Admitir la presión y hablar del tema es sano

Hablar sobre las dificultades que atraviesa tu empresa puede no hacer que estos desaparezcan, pero tampoco lo hará no hablar de ellos. En la conversación existe cierta compañía y consuelo. 

Obviamente lo mejor es acudir a un profesional. Los deportistas de alto nivel suelen tener asesoría psicológica. En parte por la presión a la que están sometidos y en parte porque de esa manera alcanzan su mejor nivel mental. 

La alternativa puede ser soportar lo que el destino depara y endurecerse con cada experiencia. Pero no hay garantías de que eso suceda. En algunos casos los malos momentos pueden ser tan malos que provocan un trauma en el emprendedor. También afectan su comportamiento, lo hacen reaccionar de forma exagerada.

En otras palabras, en vez de endurecerse se vuelve más sensible a ciertos problemas.

Conocer nuestros límites es prudente

Las empresas pueden ser extremadamente exigentes con el tiempo de los emprendedores. Esto es lógico, porque el tiempo que tienen los fundadores para demostrar lo que vale el proyecto es, como hemos señalado, limitado.

La imagen de un emprendedor almorzando, cenando e incluso durmiendo en las oficinas de la empresa es parte de la mitología emprendedora. Es cierto que existen circunstancias en las que un mayor esfuerzo puede ser necesario. Pero esta práctica debería ser excepcional. Cuando se convierte en un hábito estamos ante un peligro.

Menos horas de sueño, menos cooperación, peores ideas

Las horas de descanso no son solo una cuestión física, sino también mental. 

Cuando no dormimos lo suficiente nuestra predisposición a ayudar a los demás se ve afectada negativamente. Así lo señala un artículo publicado el 23 de agosto en Plos.ORG. Una sola noche de sueño perdido es suficiente para afectar a nuestro cerebro.

https://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371/journal.pbio.3001733

Otro artículo publicado en 2018 en Sage Journals apunta que la calidad de sueño está vinculada al comportamiento innovador. La capacidad para innovar es vista como un recurso valioso y escaso. También como un elemento fundamental para el trabajo de un emprendedor. 

https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/1042258718798630

Si consideramos todo lo dicho, ¿qué nos queda?

Dar lo mejor, dedicar la mayor cantidad de tiempo posible a la empresa, pero sin descuidar la salud. Porque simplemente solo así podemos ofrecerle la mejor versión de nosotros.